El Mensaje de Amor y Esperanza de Nuestra Señora de Guadalupe

Este 12 de diciembre estamos celebrando nuevamente la aparición y el milagro de Nuestra Señora de Guadalupe, cuando al pie del Cerro del Tepeyac en México ella se apareció a San Juan Diego, un indígena Azteca.  La historia de las cuatro apariciones se ha repetido por cinco siglos a múltiples generaciones y sigue conmoviendo los corazones de cristianos en toda América.

 El milagro de Guadalupe marcó el inicio de la mayor conversión pacífica al cristianismo en la historia. Los misioneros españoles de varias órdenes religiosas (Franciscanos, Dominicos, Jesuitas) habían tratado de traer a los indígenas aztecas por casi diez años a la luz del Evangelio de Cristo. Ellos trataban de sobreponerse a una religión muy bien desarrollada que celebraba dioses guerreros quienes habían vencido a sus enemigos en majestuosas batallas que como consecuencia habían creado el sol, las estrellas y las montañas. Los conquistadores blancos habían ya destruido la mayoría de sus templos y altares sacrificiales. El Dios de los frailes colgaba de una cruz de madera, muerto y derrotado. No mostraba heroicas armaduras ni poderosas armas. A la vez, las enseñanzas de este nuevo Dios hablaban sobre sacrificios terrenales para alcanzar una mayor recompensa en la próxima vida. Por ellos, ellos habían sacrificado a otros seres humanos para lograr una mejor vida en la Tierra. El choque cultural era tan grande, que solamente algunos se convirtieron aceptando la verdadera luz.

La aparición de Guadalupe trajo un aire fresco a la evangelización del Nuevo Mundo. Su mensaje de esperanza y amor maternal llegaron al centro de sus mentes y sus corazones. Más aún, su apariencia física les daba a ellos una imagen tanto familiar como profética. Su rostro era como el de ellos, como si hubiera nacido en la misma Gran Tenochtitlán. Ella se proclamó a sí misma, en su propia lengua, como la madre del Dios vivo y verdadero. Los dioses a quienes ellos conocían solamente se comunicaban por medio de los sacerdotes. La madre del Dios vivo hablaba con un hombre común y corriente y él podía responderle. Además, ella le pidió comunicarse con el alto sacerdote pidiéndole un nuevo templo. El color de su piel, sin embargo, era diferente. No era blanco ni el de los aztecas. Era una piel color de bronce que daría nacimiento a una nueva raza: la mestiza. Ella pidió un templo en donde sus hijos pudieran alabar al verdadero Dios, aquel que aparecía muerto en la cruz pero que había resucitado de entre los muertos con una victoria mucho más audaz que la de los dioses guerreros de sus antepasados.

El mensaje de la Virgen María en el Tepeyac era muy diferente al de las otras apariciones marianas más importantes, tales como las de Fátima y Lourdes. Las apariciones en Europa hablaban de arrepentimiento, penitencia, y la conversión de los pecadores.  Guadalupe nos trajo un mensaje de amor y consuelo maternal en su vida. ¡No temas! ¿No estoy yo aquí que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy yo tu salud?” Estas palabras vinieron a tono con la tradición azteca de una madre protectora. Una madre que habla a nombre del Dios verdadero, su Hijo, y por lo tanto con intercesión directa con él.

El mensaje de Guadalupe llevó a la conversión de más de 9 millones de aztecas en las siguientes dos décadas. El efecto secundario del mensaje de amor y protección maternal seguiría llegando más allá de las fronteras del Virreinato de la Nueva España, que llegaban tan al norte como Colorado y Utah alcanzando a Costa Rica al sur. Su promesa misma no estaba limitada a las colonias españolas, ella había clamado el Nuevo Mundo como parte del Reino de su hijo y que, llegaría a ser la mayor cuna de católicos en el mundo. El 48% de los católicos en el mundo vive en el continente americano. El Papa San Juan Pablo II declaró el 12 de diciembre como la solemnidad de Nuestra Señora de Guadalupe, nombrándola Emperatriz y Patrona de las Américas.

La historia de Guadalupe sigue trayendo a miles de regreso a la Iglesia y dando esperanza a millones de católicos más (y miles de no católicos) de un futuro mejor en este mundo dividido e incierto. Cuando enfrentamos una atmósfera de enojo, confusión y temor.  Cuando las cosas parecen empeorar y el horizonte se presenta con nubarrones oscuros, recordemos el mensaje de Guadalupe, la estrella de la Nueva Evangelización para todas las Américas, Latinos, Anglos, Afroamericanos, Amero-asiáticos, y Nativos: “Escucha y que mis palabras penetren en tu corazón… no desesperes ni te agobies con angustia. No temas enfermedad o vejación, ansiedad o dolor. ¿No estoy yo aquí que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra y mi protección? ¿No soy yo tu fuente de vida? ¿No estás bajo la protección de mi manto? ¿En la cuna de mis brazos? ¿Qué más puedes necesitar?

Por Antonio Bañuelos

Diputado de Estado, Caballeros de Colón Iowa

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